Monday, November 23, 2009

Se toman las malas con las buenas

Cuando le pregunto, “Cómo se llama tu barrio?” se encoge de hombros y responde “Pues… las Tres Mil”. “Quiero vivir aquí siempre. Es mi casa”, nos cuenta.

El nombre del barrio, que para ella es obvio, para la mayoría de los habitantes de Sevilla es sinónimo de abandono, delincuencia y marginación.

A apenas quince minutos en coche del Casco Histórico de Sevilla, en el extrarradio obrero del sur de la ciudad, divisamos un edificio de tapias altas y cancelas metálicas. Estamos a escasos metros de los primeros edificios del Polígono Sur, que es el nombre oficial del barrio, en el Instituto de Enseñanza Secundaria Ramón Carande. La orientadora académica y psicóloga del Instituto, Encarnación Quiroga, nos recibe en su despacho de la planta baja. “Entre un 15 y un 20% de los 800 estudiantes que tenemos son gitanos”, nos cuenta.

Uno de ellos es Laura, que tiene diecisiete años y está en el tercer y último curso del programa de diversificación. Bajo ese título se agrupa a los estudiantes con menos entusiasmo académico del centro. Su tono tranquilo y seguro indica que es un poquito mayor que sus compañeros de clase. “En cuanto acabe aquí, quiero hacer los cursillos de peluquería y ponerme a trabajar. Me gusta mucho la peluquería. También el maquillaje y la manicura”. Sólo hay que ver lo bien perfiladas que están sus uñas, pintadas con reflejos verdes, para darse cuenta. Del instituto le gustan muchas de sus clases, especialmente la de orientación que imparte la propia Encarnación Quiroga. Como la mayoría de sus compañeros, Laura no quiere ir a la universidad cuando acabe el bachillerato. Sólo el 20% de los graduados del Ramón Carande lo hace.

La futura peluquera, lleva el pelo teñido de rojo y luce un original flequillo. Su camiseta y sus botas violetas encajan a la perfección con el estilo que predomina entre las chicas de su clase. Bajo la manga se puede entrever un sofisticado tatuaje que representa a un hada parecida a “Tinkerbell”. “Me lo hice en Septiembre”, dice. Además del hada, también vemos las letras L y J, que son las iniciales de su madre, Loli, y de su padre, Javi. Curiosamente coinciden con la suya y la de su novio, Johnny.

Los padres de Laura tienen un puesto de churros que es famoso en toda Sevilla. Se lleva muy bien con los dos y no para de contarnos cosas de su madre. “Aunque en casa tenemos reglas, tampoco son muy estrictas”, explica. Su hermana mayor, Vane, tiene 22 años y es una enfermera a la que le gusta su trabajo. “Sólo nos peleamos cuando coge mi ropa sin pedírmelo. Lo normal es que sea la hermana menor la que le coja ropa a la mayor sin permiso ¿no?”, nos dice riendo. Vane también tiene novio, pero a diferencia de Laura no quiere tener hijos ni casarse pronto. Hasta entonces, vivirá como tantos jóvenes españoles en casa de sus padres.

Hace un año y once meses que Johnny y ella salen juntos. Él trabaja de albañil y tiene un horario muy similar al de Laura. Los dos empiezan su jornada a las ocho y media de la mañana y lo terminan a las tres de la tarde. A Laura le gustaría casarse y tener una familia con él.

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